Octubre - Intensidad del espacio y la experiencia corporal del usuario en la arquitectura.

Andrés Rodríguez Navarro

La arquitectura adquiere más valor para el usuario, cuando es capaz de transformar la percepción del espacio en una experiencia significativa para quien haga parte del lugar. Más allá de la forma o la técnica lo que realmente articula el sentido arquitectónico es la capacidad de un proyecto para envolver al individuo en una relación consciente con su entorno. Esta especie de dimensión sensorial que muchas veces permanece implícita, se vuelve explícita al notar ciertas aproximaciones emocionales y sensoriales que entienden la arquitectura como un fenómeno que se activa desde y para el cuerpo, como una extensión de la materia que parte desde las profundidades del ser.

En relación a lo anterior, como referente, Álvaro Siza propone que esta idea surge a partir de una sensibilidad casi topográfica. Sus proyectos no buscan imponerse sino ajustar la manera en que el cuerpo se desplaza y reconoce el territorio basándose en la experiencia sensorial y emocional del usuario. En las Piscinas de Leça por ejemplo, el horizonte no es un simple fondo sino un componente activo que orienta la experiencia. El proyecto organiza el recorrido, atenúa la presencia del objeto arquitectónico y permite que el paisaje aparezca como parte fundamental de la obra. Es decir, la arquitectura no domina el lugar, lo media. Y esta actitud da como resultado una espacialidad en donde cada gesto construye una relación directa entre el movimiento, mirada y materia con el ser que la experimenta.

En relación a lo anterior, Siza propone una idea centrada en la sutileza perceptiva del recorrido, mientras que Dalibor Vesely introduce una lectura más amplia y compleja de la experiencia espacial. Para Vesely la arquitectura no puede entenderse sin considerar la profundidad cultural que sostiene lo visible. “La percepción no es inmediata ni inocente, sino un proceso estratificado en el que intervienen memoria, tradición y símbolos compartidos”. En contraste con la aparente quietud de la obra de Siza, Vesely propone y ubica a la arquitectura en una red de historia que conecta el presente con diferentes etapas del mundo vivido. Habitar no es solamente recorrer un espacio, para él es participar de una continuidad cultural que antecede y acompaña al individuo y se va desarrollando con el tiempo.

Por otro lado, Antony Gormley tiene una mirada más elemental pero igualmente poderosa. Su trabajo parte de la premisa de que el cuerpo es el punto inicial desde el cual se revela la energía del espacio. Viéndolo así, el vacío no es una ausencia, sino un campo de tensión que se activa cuando el cuerpo lo enfrenta. En comparación con la noción cultural de Vesely, Gormley toma la validez de la experiencia y la reduce a lo más básico, llevando la presencia corporal como medida existencial. Sus piezas, incluso cuando se presentan en ambientes aparentemente neutros, modifican completamente la percepción del lugar. El vacío se vuelve visible y el espacio adquiere densidad sin necesidad de materia.

Sin embargo, Peter Zumthor desplaza nuevamente el foco hacia la materialidad y la atmósfera. Su arquitectura demuestra que la materia puede ser tan significativa como el vacío cuando logra una presencia envolvente. En contraste con la idea de Gormley que enfatiza la imposición del cuerpo frente al espacio, Zumthor explora cómo el espacio puede afectar al cuerpo mediante la densidad del aire, el sonido, la luz o la temperatura. Por ejemplo las Termas de Vals son un ejemplo claro en donde se evidencia que la masa pétrea, el agua, la penumbra y la resonancia acústica generan un ambiente donde lo corporal y lo sensorial se juntan. Así que para él, el espacio no se observa, sino se habita con todos los sentidos. Poniendo así, la experiencia sensorial como parte del significado y la validez de la obra arquitectónica.

En conjunto, estas perspectivas llevan a comprender que la arquitectura no es un objeto autónomo sino un medio que articula diferentes formas de experiencia. Aunque los enfoques varían entre autores, todos coinciden en que el espacio se completa con la relación con el ser humano ya sea a un nivel más o menos profundo. De esta forma, la arquitectura no es solo aquello que se construye, sino lo que se vive.


Referencias bibliográficas:

• Siza, A. (1966–2010). Fragmentos de horizonte, Piscinas, Mimesis Museum.

• Vesely, D. (2005). Capas de experiencia en la percepción espacial y el espacio comunicativo.

• Gormley, A. (1990–2010). Eso soy yo.

• Zumthor, P. (1996–2015). La estrategia del alquimista, Rangos de corporalidad, Las Termas de Vals


Comentarios

  1. Entiendes la arquitectura como algo que solo cobra sentido cuando realmente transforma la manera en que una persona vive y percibe un espacio. Siento que en tu texto dejas claro que, para ti, la arquitectura no es solo forma o técnica, sino una experiencia que empieza en el cuerpo y que se vuelve significativa cuando provoca emociones o sensaciones reales.

    Me pareció interesante cómo usas a Siza para explicar esa sensibilidad tan sutil del recorrido. En tu reseña se nota que valoras mucho esa idea de que la arquitectura no debe imponerse, sino acompañar el movimiento del cuerpo. Y la forma en que hablas de las Piscinas de Leça deja ver que para ti el paisaje es parte del espacio arquitectónico, no un simple fondo. Personalmente, coincido contigo: esa manera de “mediar el lugar” es lo que hace que un proyecto se sienta vivo.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Relación Cuerpo-Espacio: Fenomenología Vivida en la Arquitectura

EL CUERPO EN MOVIMIENTO, ESPACIO CONSTRUIDO.