Septiembre: La esencia corporal de la arquitectura: del sentido espacial a la corporeidad operante en el Raumplan.
La esencia corporal de la arquitectura: del sentido espacial a la corporeidad operante en el Raumplan. Schmarsow y Merleau-Ponty en la obra de Loos
La arquitectura, como disciplina en constante
transformación, atraviesa hoy un momento de cambio significativo. Estamos ante
el cierre de una etapa iniciada a finales del siglo XIX, cuando se propuso al
espacio como centro de toda reflexión arquitectónica. A la par, se consolidan
indicios de un nuevo paradigma que entiende la arquitectura como la disciplina
encargada de configurar y proteger lo público. La hipótesis central de este texto
sostiene que el hilo conductor entre ambas visiones es el papel decisivo que se
le otorga al cuerpo humano en la construcción de la arquitectura. Este
protagonismo corporal permite enlazar la definición centrada en el espacio con
la comprensión contemporánea de la arquitectura como soporte de la vida
pública.
El punto de partida de esta indagación se encuentra en el
texto de August Schmarsow, La esencia de la creación arquitectónica
(1893), donde se establece la relación inseparable entre cuerpo, espacio y
arquitectura. La clave de este giro conceptual reside en su afirmación
fundacional: <<la esencia de la arquitectura es la creación del espacio
arquitectónico a partir de nuestro sentido corporal del espacio>>. Este
desplazamiento, que pone la experiencia somática por encima del objeto
construido, encuentra su desarrollo filosófico en la fenomenología del espacio,
especialmente en la idea de corporalidad planteada por Maurice Merleau-Ponty. El
presente ensayo propone que la fenomenología del <<cuerpo operante>> ofrece el
marco conceptual adecuado para entender al cuerpo como origen de la
construcción del espacio arquitectónico, un principio que aparece de manera
temprana en el Raumplan de Adolf Loos, entendido como un método para
modelar el espacio según la experiencia encarnada. Para desarrollar esta idea inicial, es necesario enfatizar sobre las siguientes posturas:
Fenomenología: reencontrar el cuerpo operante:
Para Merleau-Ponty, la tarea de la filosofía consiste en
devolver el pensamiento científico <<un pensamiento distante que reduce
todo a objetos abstractos>> al suelo del mundo sensible y vivido por el
cuerpo. La ciencia clásica estudia las cosas, pero no las habita; crea modelos
que se alejan de la experiencia real. La fenomenología, en cambio, busca
recuperar el cuerpo en acción, que no es un simple objeto ubicado en el
espacio, sino un tejido de percepción y movimiento.
El aspecto más enigmático de esta perspectiva es que el
cuerpo es a la vez vidente y visible: se ve viendo, se toca tocando. No es un
objeto transparente como un pensamiento, sino algo que se experimenta a sí
mismo desde dentro, profundamente unido al mundo. Esta reflexión permite
afirmar que el cuerpo y el mundo comparten una misma textura: la <<carne del
Ser>>. La pintura (y, por extensión, la arquitectura) intenta hacer visible esta
relación íntima.
El pensamiento cartesiano redujo la visión a una lectura de signos, como si ver fuera interpretar señales producidas en el cuerpo. Para Descartes, la luz era el contacto de las cosas con el ojo, y la visión, un desciframiento mental. Merleau-Ponty niega esta idea. Para él, la visión nace de lo que ocurre en el cuerpo; no es un juicio ni una representación mental, sino un acto que emerge de la experiencia física. El cuerpo se convierte así en el <<espacio natal>>, el origen de cualquier otro espacio posible. Por ello, la arquitectura no puede limitarse a manipular formas geométricas, sino que debe basarse en la necesidad del cuerpo de situarse en el mundo y construirlo desde su propia presencia.
El Raumplan: arquitectura de la corporeidad:
La relación entre la idea corporal de Schmarsow y la
fenomenología de Merleau-Ponty se materializa en la obra de Adolf Loos,
especialmente en el concepto de Raumplan. Mientras la geometría
cartesiana entiende la profundidad como una dimensión derivada de otras dos,
Loos propone diseñar desde la volumetría vivida y desde la situación del
habitante.
En edificios como la Villa Müller, Loos rompe con el plano
abstracto que imponía niveles uniformes. El Raumplan <<plan espacial>> organiza
la arquitectura mediante una secuencia de volúmenes y alturas diferenciadas.
Habitar deja de ser la acción de un sujeto que observa un edificio desde fuera:
se convierte en la experiencia de un cuerpo inmerso en él.
Los distintos niveles del Raumplan exigen un recorrido donde visión y movimiento se entrelazan. La profundidad, que la visión cartesiana intentaba explicar como un cálculo de datos visuales, se vuelve para Loos la dimensión primordial, porque el espacio solo se define plenamente desde la relación corporal con la distancia. En el ascenso y descenso de la Villa Müller, el cuerpo guía la percepción; las formas y envolventes aparecen después. Al romper la <<cáscara>> del espacio abstracto, Loos permite al habitante experimentar un espacio donde las dimensiones se corresponden entre sí de manera simultánea y fluida. Esto coincide con la idea fenomenológica de que el espacio se comprende desde el cuerpo que lo vive, no desde una geometría ideal.
Para concluir, La articulación entre el sentido
corporal del espacio en Schmarsow, la corporalidad fenomenológica de
Merleau-Ponty y la manifestación arquitectónica del Raumplan en Loos
permite sostener una tesis central: la arquitectura debe situar al <<cuerpo
operante y actual>> como su punto de partida para comprender el espacio. Frente
a la tendeencia del pensamiento científico a reducir todo a objetos abstractos,
la fenomenología ofrece una base conceptual para una arquitectura que reconoce
al cuerpo como origen de toda espacialidad.
Este retorno al cuerpo no solo afecta al diseño formal, sino
que impulsa un cambio más profundo. Al diferenciar entre espacio físico,
espacialidad del cuerpo y espacialidad de la situación humana, la disciplina
asume una responsabilidad ética y política. La fenomenología ofrece argumentos
para criticar la arquitectura previa y prepararnos para comprender los ámbitos
de interacción humana (Patocka) y las estructuras de la situación humana
(Heidegger). En este camino, la pregunta por el lugar se vuelve esencial: <<me
pregunto si el lugar no es, ante todo, una parte del cuerpo>> (John Berger). El Raumplan,
al valorar la presencia y el movimiento corporal, anticipa esta visión de una
arquitectura que participa en la construcción del mundo humano.
Tu lectura conecta muy bien la línea histórica: mostrar que Schmarsow ya pone el cuerpo en el centro y que Ponty profundiza esa idea fenomenológica ayuda a ver la continuidad intelectual detrás del Raumplan. Me parece potente la forma en que planteas al "cuerpo operante" como el hilo que une la teoría y la práctica: no es solo una idea abstracta, sino la base desde la cual se entiende por qué las diferencias de nivel, los vacíos y los recorridos de Loos son experiencia y no mera composición.
ResponderEliminarLo que más me resonó fue cómo expones que el Raumplan no es un capricho formal sino una respuesta práctica a esa condición encarnada del habitar. Al leer tu texto uno percibe con claridad que, en la Villa Müller, la arquitectura propone relaciones corporales con altura, vistas, transición que configuran el sentido del espacio antes que su apariencia. Eso hace que la conexión teórica deje de ser retórica y pase a ser vivida.
También valoro que subrayes la dimensión ética y política de este retorno al cuerpo: poner al cuerpo como origen del proyecto obliga a repensar para quién y cómo se diseña. La idea de que el lugar pueda entenderse como parte del cuerpo y la cita que traes de Berger funciona muy bien para cerrar el argumento ya que sitúa la discusión en algo que somos y hacemos, no solo en lo que construimos.