TERMAS DE VALS: ¿HACEMOS EL ESPACIO, O ÉL NOS HACE A NOSOTROS?

La relación entre el ser humano y el espacio ha sido conceptualizada de maneras radicalmente distintas en la filosofía. El análisis comparativo de August Schmarsow y Maurice Merleau-Ponty revela dos paradigmas opuestos: la afirmación de un sujeto soberano que impone su orden (Schmarsow) y la concepción de un ser inmerso en un tejido existencial que lo precede (Merleau-Ponty).

Ambos pensadores sitúan al ser humano en el centro de su análisis, pero desde polos opuestos. Mientras Schmarsow articula un humanismo de dominio, Merleau-Ponty propone una visión poshumanista del mismo problema. La divergencia más clara entre ambos pensadores reside en su concepción sobre el origen mismo y la naturaleza última del espacio.

Para Schmarsow, el espacio no es un dato externo, sino una construcción psíquica que nace de la mente humana. El espacio es, ante todo, una forma intuida que el sujeto proyecta activamente hacia el exterior con el propósito fundamental de delimitar, ordenar y dar forma a su entorno. Esta postura se describe como un antropocentrismo proyectivo, donde el humano es inherentemente creador de espacio. Este acto creativo es visto como un impulso primordial y una necesidad existencial que transforma el caos exterior en un cosmos humanizado, utilizando el propio cuerpo como la matriz de coordenadas que se impone al mundo.

Para Merleau-Ponty, el espacio no es una construcción o una proyección que el sujeto impone. Es la textura preexistente del Ser, un "suelo" o una "napa primaria" que el cuerpo no crea, sino que habita y con el que se encuentra naturalmente entrelazado. El filósofo afirma que el mundo "está hecho con la misma tela del cuerpo", lo cual invierte la jerarquía de Schmarsow. El espacio es el resultado de una descomposición del Ser, donde elementos como la profundidad, el color y la forma no son coordenadas que el sujeto proyecta, sino partes del ser que el cuerpo simplemente despierta a través de la percepción encarnada. El cuerpo es el nexo, el punto de contacto, no la fuente soberana del orden.

La teoría de Schmarsow culmina en una visión de dominio. Presenta al hombre como un agente que proyecta su orden interno hacia el exterior, imponiendo un orden racional sobre la naturaleza a través de la arquitectura y el urbanismo. La meta es el "Regnum hominis" (el reino del hombre), un mundo hecho a la medida de la conciencia humana no existe una separación jerárquica entre el hombre y el Ser. Esta visión crítica el dominio, pues el ser humano se encuentra inextricablemente entrelazado con el "tejido del mundo" , y el mundo nunca puede ser plenamente conquistado. La visión no es un acto de posesión, sino una participación en el Ser, una "respiración en el Ser" en la que los roles de vidente y visible se invierten y confunden constantemente.

El análisis filosófico entre Schmarsow (quien postula al humano como el creador soberano del espacio) y Merleau-Ponty (quien lo ve como un ser entrelazado con la textura del mundo) encuentra su campo de batalla arquitectónico en la obra de Peter Zumthor, y específicamente en su proyecto de las Termas de Vals (Vals, Suiza, 1996).

Zumthor, un arquitecto que se ha declarado abiertamente influenciado por la fenomenología materializa el postulado de Merleau-Ponty al rechazar la arquitectura como una forma impuesta por la razón y adoptarla como una experiencia sensorial y corporal que nos sitúa en el mundo.

La visión de Schmarsow, donde el cuerpo sirve como molde y sistema de coordenadas que se proyecta hacia el exterior para ordenar el mundo, se manifestaría en una arquitectura de volúmenes puros, ideales geométricos y fachadas imponentes que declaran el dominio humano sobre el entorno. Su proyecto se niega a ser un objeto imponente. En lugar de proyectar un volumen sobre el paisaje alpino (el "Regnum hominis" de Schmarsow), lo incrusta en la ladera de la montaña, cubriendo el techo de hierba. Esta acción anula la soberanía de la forma y la vista, y obliga al visitante a buscar y descubrir el edificio. Esto es un rechazo directo a la idea de que la arquitectura es un acto de proyección subjetiva que organiza el caos.

El chiasmus (entrelazamiento) de Merleau-Ponty se refiere a la reciprocidad donde el vidente es simultáneamente visible. En Vals, esto ocurre en la relación con el agua y el entorno. El sonido del agua resonando en las cámaras de piedra, la sensación de estar dentro de la tierra mientras se escucha el exterior (como el cencerro de una vaca), y el vapor que envuelve al cuerpo: todos estos elementos convierten al cuerpo en un coparticipante, un nexo perceptivo que resuena con el entorno, en lugar de un sujeto que simplemente lo observa. La atmósfera se convierte en la "carne" del edificio, la cual envuelve al visitante y lo hace parte del tejido.

 

Comentarios

  1. El texto muestra con acierto cómo las posturas de Schmarsow y Merleau-Ponty plantean dos modos opuestos de entender el espacio, y cómo las Termas de Vals permiten ver esa tensión en la práctica. En lugar de una arquitectura que impone un orden al paisaje, Zumthor propone un edificio que se deja envolver por él y que solo se comprende a través del cuerpo y los sentidos. La experiencia en Vals confirma la idea fenomenológica: el espacio no es algo que construimos desde fuera, sino algo que se despierta cuando lo habitamos.

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