TERMAS DE VALS: ¿HACEMOS EL ESPACIO, O
ÉL NOS HACE A NOSOTROS?
La relación entre el ser humano y el
espacio ha sido conceptualizada de maneras radicalmente distintas en la
filosofía
Ambos pensadores sitúan al ser humano en
el centro de su análisis, pero desde polos opuestos
Para
Schmarsow, el espacio no es un dato externo, sino una construcción psíquica que
nace de la mente humana. El espacio es, ante todo, una forma intuida que el
sujeto proyecta activamente hacia el exterior con el propósito fundamental de
delimitar, ordenar y dar forma a su entorno. Esta postura se describe como un antropocentrismo
proyectivo, donde el humano es inherentemente creador de espacio. Este acto
creativo es visto como un impulso primordial y una necesidad existencial que
transforma el caos exterior en un cosmos humanizado, utilizando el propio
cuerpo como la matriz de coordenadas que se impone al mundo.
Para
Merleau-Ponty, el espacio no es una construcción o una proyección que el sujeto
impone. Es la textura preexistente del Ser, un "suelo" o una "napa
primaria" que el cuerpo no crea, sino que habita y con el que se encuentra
naturalmente entrelazado. El filósofo afirma que el mundo "está hecho con
la misma tela del cuerpo", lo cual invierte la jerarquía de Schmarsow. El
espacio es el resultado de una descomposición del Ser, donde elementos como la
profundidad, el color y la forma no son coordenadas que el sujeto proyecta,
sino partes del ser que el cuerpo simplemente despierta a través de la
percepción encarnada. El cuerpo es el nexo, el punto de contacto, no la fuente
soberana del orden.
La teoría de Schmarsow culmina en una
visión de dominio
El
análisis filosófico entre Schmarsow (quien postula al humano como el creador
soberano del espacio) y Merleau-Ponty (quien lo ve como un ser entrelazado con
la textura del mundo) encuentra su campo de batalla arquitectónico en la obra
de Peter Zumthor, y específicamente en su proyecto de las Termas de Vals (Vals,
Suiza, 1996).
Zumthor,
un arquitecto que se ha declarado abiertamente influenciado por la fenomenología
materializa el postulado de Merleau-Ponty al rechazar la arquitectura como una
forma impuesta por la razón y adoptarla como una experiencia sensorial y
corporal que nos sitúa en el mundo.
La
visión de Schmarsow, donde el cuerpo sirve como molde y sistema de coordenadas
que se proyecta hacia el exterior para ordenar el mundo, se manifestaría en una
arquitectura de volúmenes puros, ideales geométricos y fachadas imponentes que
declaran el dominio humano sobre el entorno. Su proyecto se niega a ser un
objeto imponente. En lugar de proyectar un volumen sobre el paisaje alpino (el "Regnum
hominis" de Schmarsow), lo incrusta en la ladera de la montaña, cubriendo
el techo de hierba. Esta acción anula la soberanía de la forma y la vista, y
obliga al visitante a buscar y descubrir el edificio. Esto es un rechazo
directo a la idea de que la arquitectura es un acto de proyección subjetiva que
organiza el caos.
El
chiasmus (entrelazamiento) de Merleau-Ponty se refiere a la reciprocidad
donde el vidente es simultáneamente visible. En Vals, esto ocurre en la
relación con el agua y el entorno. El sonido del agua resonando en las cámaras
de piedra, la sensación de estar dentro de la tierra mientras se escucha
el exterior (como el cencerro de una vaca), y el vapor que envuelve al cuerpo:
todos estos elementos convierten al cuerpo en un coparticipante, un nexo perceptivo
que resuena con el entorno, en lugar de un sujeto que simplemente lo
observa. La atmósfera se convierte en la "carne" del edificio,
la cual envuelve al visitante y lo hace parte del tejido.
El texto muestra con acierto cómo las posturas de Schmarsow y Merleau-Ponty plantean dos modos opuestos de entender el espacio, y cómo las Termas de Vals permiten ver esa tensión en la práctica. En lugar de una arquitectura que impone un orden al paisaje, Zumthor propone un edificio que se deja envolver por él y que solo se comprende a través del cuerpo y los sentidos. La experiencia en Vals confirma la idea fenomenológica: el espacio no es algo que construimos desde fuera, sino algo que se despierta cuando lo habitamos.
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