Cuerpo, percepción y arquitectura: La Casa Giraldi
Cuerpo, percepción y arquitectura: La Casa Giraldi
"Me he dedicado a la arquitectura como un acto sublime de la imaginación poética. En mí se premia a todo aquel que persigue la poesía y la belleza" – Luis Barragán
La arquitectura en su esencia más profunda, es una experiencia que nace del habitar, surge del acto de existir en el espacio, recorrerlo, percibirlo y permitir que esa vivencia trascienda hacia el interior. Por eso, la espacialidad creada debe insinuar al espectador la necesidad de ser consciente de su propio estar en el espacio, de reconocer como su cuerpo participa activamente en la construcción del espacio arquitectónico. En la Casa Giraldi del arquitecto Luis Barragán, esta relación entre cuerpo y espacio se hace evidente. La luz y el color característicos del proyecto son elementos que incitan a sentir, contemplar y reconocerse en la experiencia de habitar.
Esta consciencia de integrarse y envolverse por el mundo para la creación de espacio, se relaciona con las ideas de Maurice Merleau-Ponty, quien expone que “Visible y móvil, mi cuerpo es una cosa entre las cosas; es una de ellas. Está atrapado en la trama del mundo, y su cohesión es la de una cosa. Pero como se ve y se mueve, mantiene las cosas en un círculo a su alrededor. Las cosas son un anexo o prolongación de mi cuerpo”. En la Casa Giraldi la casa no se revela de inmediato, exige un recorrido místico, en donde cada espacio responde a una intención humana de habitar, cada transición, cada cambio de luz y cada cambio de color, no solo modifican la atmosfera, sino que configuran un modo distinto de estar.
La Casa Giraldi puede leerse como un ensamblaje de capas: la realidad física del muro, la luz, el color, la dimensión emocional y cultural que conforman el proyecto. Luis Barragán no elegía el color como gesto decorativo, sino como consecuencia de una observación profunda del paisaje y de una memoria arraigada a su entorno, así como lo expresa él en varias entrevistas: “Vamos por el mercado de la ciudad de provincia (…). Lucen al sol todos los esplendores del magenta, el solferino, los azules, los rosas, los rojos y los violetas, formando oleaje encrespado con los amarillos, los verdes, los blancos y los negros, (…) la belleza suprema vibra con los más audaces valores y contrastes de la policromía tropical, policromía de aves y plantas tropicales”. Estos colores se convierten entonces en un puente entre el interior y el exterior y logran reflejar la dimensión cultural inmersa en la creación de la casa.
Para Barragán, la luz es un acto de contemplación. Al entrar a la casa, el visitante va descubriendo el espacio poco a poco, guiado por silencios, sombras y luces. Una entrada discreta lo introduce en un interior de quietud, donde una escalera iluminada cenitalmente marca la primera experiencia sensorial. Más adelante, emerge un corredor bañado por luz amarilla en el que el arquitecto alcanza un equilibrio entre luz y color, convirtiendo este pasaje en un espacio de transición que adquiere un carácter espiritual, lleno de mística y poética arquitectónica.
El recorrido culmina en la piscina, uno de los espacios más reconocidos de la casa. La luz cenital cae sobre el agua, generando reflejos que enriquecen la arquitectura del lugar, el agua juega con los rayos de luz, fragmentándose y volviendo al espacio vivo. Barragán usa colores fríos y cálidos para generar un contrapunto emocional: la serenidad del azul contrasta con la calidez del ocre, produciendo una sensación de profundidad física y espiritual. El lugar adquiere un silencio lleno de presencia, en donde la luz, el color y el agua dan forma a un espacio distinto. En términos fenomenológicos, este espacio evidencia lo que Merleau-Ponty decía: el cuerpo no es un espectador externo; es parte del fenómeno. La luz nos envuelve, el color nos afecta, el agua resuena en nuestra percepción. Somos parte del espacio.
La Casa Giraldi crea lugares en donde la existencia puede desplegarse, cada movimiento del individuo genera espacialidad, cuando me muevo, produzco el espacio que experimentó, según a su vez las condiciones que Barragán creo para la capacidad de habitar. La arquitectura se vuelve entonces un conocimiento que se construye a partir de otro conocimiento: el cuerpo, el paisaje y la experiencia.
En conjunto, la Casa Giraldi revela que la arquitectura es la creación de un espacio sensible donde el cuerpo encuentra la posibilidad de habitar y de ser parte de él, a través de luz, colores, evocaciones culturales y sensoriales. Barragán demuestra que el espacio se construye en la medida en que el individuo lo vive, lo siente y lo interpreta. El proyecto refleja que habitar es un acto perceptivo, y que la arquitectura alcanza su verdad más profunda cuando permite que el ser humano se reconozca en ella.
Referencias bibliográficas
Heidegger, M. (1994). Construir, habitar, pensar. En Conferencias y artículos. Ediciones del Serbal. (Trabajo original presentado en 1951).
Merleau-Ponty, M. (1993). Fenomenología de la percepción. Editorial Planeta-De Agostini. (Trabajo original publicado en 1945).
Merleau-Ponty, M. (1964). Lo visible y lo invisible. Editorial Seuil.
Barragán, L. (2000). La belleza de la arquitectura emocional. Fundación de Arquitectura Tapatía Luis Barragán. (Compendio de entrevistas y escritos).
Vasconcelos, A. (1997). Luis Barragán: color, luz y silencio. Lumen / Fundación Barragán.
Es interesante como desarrolla una lectura profunda y muy sensible de la Casa Giraldi, donde la relación entre cuerpo, luz y color aparece como eje articulador de toda la reflexión. Se reconoce de manera clara la influencia de Merleau-Ponty en la forma en que se entiende el espacio como una experiencia encarnada y no simplemente visual. Esa conexión entre fenomenología y el lenguaje arquitectónico de Barragán está muy bien lograda y le da al escrito una coherencia interna sólida.
ResponderEliminarUno de los aciertos del texto es mostrar que la casa no se presenta como un objeto inmediato, sino como un recorrido que exige un tiempo y una disposición del cuerpo. La idea de que cada transición modifica el “modo de estar” en el espacio permite captar muy bien la intención barraganiana de construir atmósferas más que formas. La selección de citas también está bien integrada: refuerzan el argumento sin convertirse en un peso teórico innecesario.
La descripción de la luz y el color es otro punto fuerte. No se quedan en una enumeración estética, sino que se interpretan como capas sensibles que configuran estados emocionales y culturales. La mención al mercado, la policromía tropical y la memoria del paisaje ayuda a conectar la obra con un imaginario más amplio, algo esencial para entender el universo de Barragán.
El análisis del espacio de la piscina destaca por su capacidad para traducir lo sensorial a una reflexión más conceptual. Allí el texto alcanza uno de sus momentos más logrados: la luz convertida en presencia, el agua como mediadora perceptiva y el silencio como material arquitectónico. Esa lectura fenomenológica está bien fundamentada y no se siente forzada.