Octubre: Bajo el cielo, dentro de la montaña, el habitar en las Termas de Vals
Cuando Heidegger afirma que “el problema no es construir metros cuadrados, sino que ya no sabemos habitar”, está señalando una pérdida existencial, hemos olvidado que habitar no es ocupar un espacio, ni cumplir una función, sino cuidar nuestra relación con el mundo. Y si el lenguaje es “la casa del ser”, entonces la arquitectura debería ser una prolongación de ese gesto fundamental, un modo de estar en la tierra, bajo el cielo, junto a otros mortales, cuidando aquello que nos sostiene.
En este sentido, el texto Construir, habitar, pensar, es una reorientación completa de la mirada. Heidegger le habla al habitante como ser humano, y su afirmación más radical es que construimos para poder habitar, no al revés. Construir no es un acto previo, es una consecuencia de la necesidad de permanecer, de cuidar, de dar forma a un lugar donde la vida pueda desplegarse.
Habitar, entonces, no es algo voluntario ni artificial, es la manera misma en la que “los mortales son en la tierra”. Habitar significa sincronizar nuestros hábitos con el mundo, afinar el cuerpo a la luz, a la temperatura, al paisaje, al paso del tiempo, habitar implica cuidar la tierra, cuidar el cielo, cuidar lo divino (lo que nos excede), y cuidar a los otros mortales. Ese es el “cuadrante” —tierra, cielo, divinos y mortales— desde el cual expandimos nuestro ser en el espacio.
La arquitectura, cuando es fiel a esta raíz, no erige objetos, revela lugares. El puente, dice Heidegger, no es importante por su forma sino porque transforma dos orillas en un sitio, y el sitio en lugar, y el lugar en espacio. El espacio, entonces, no es un vacío, es algo que se ha abierto, un límite que deja aparecer un mundo. Construcciones son todas aquellas cosas que abren ese campo, que hacen visible una relación que antes estaba dispersa.
En un tiempo en el que la arquitectura se ha vuelto imagen, símbolo, icono; en un mundo donde el edificio se piensa más como objeto que como lugar, resulta casi inusual encontrar obras que incorporen esta comprensión del habitar. Las Termas de Vals, de Peter Zumthor, encarnan ese sentido de forma tan precisa que parecen haber sido diseñadas casi desde dentro de Construir, habitar, pensar, aunque no sea así.
Construido literalmente dentro de la montaña, Vals se funde con el paisaje como si siempre hubiera estado allí. La arquitectura emerge de la piedra, se hunde en la tierra y respira la temperatura del agua. El edificio se deja determinar por su entorno en lugar de dominarlo. En términos heideggerianos, Zumthor construye para que el lugar mismo pueda aparecer.
La experiencia comienza mucho antes de entrar al agua, el cuerpo desciende, camina lentamente, se deja envolver por la penumbra interior, todo el recorrido está calibrado para que el visitante se haga consciente de su propia presencia. No hay prisa, no hay ejes rígidos, no hay gestos que fuercen una dirección. La arquitectura cuida el movimiento, lo acompaña, lo ralentiza, lo escucha.
La luz nunca entra a gritos: cae en fragmentos, se filtra entre las rendijas, dibuja columnas de vapor. Esa luz no ilumina, revela. Y en ese revelar se hace visible el cuadrante heideggeriano: la tierra en el peso de la piedra local; el cielo insinuado en las aberturas mínimas superiores; los mortales que caminan, sudan, sienten la temperatura; y lo divino como aquello que excede, el agua caliente que emerge del subsuelo como un acontecimiento del mundo.
El edificio cuida el sitio, cuida el clima, cuida al habitante. No representa un paisaje, es una extensión del paisaje, por eso Vals es un modo de entrar en relación con la montaña. Allí se ingresa a un volumen arquitectónico, pero también, se ingresa a una geología, a una temperatura, a un fragmento del mundo.
La palabra “permanecer” adquiere aquí su sentido más pleno, permanecer no es quedarse quieto, sino estar de manera atenta, dejar que el mundo nos afecte. Zumthor invita a ese permanecer, cada sala de agua es una pausa, un modo distinto de habitar el cuerpo, de percibir la piel, la gravedad, el silencio. La arquitectura no está hecha para ser vista, sino para ser vivida y esa vivencia es lo que Heidegger llama habitar.
El edificio no demuestra nada, no exhibe nada, no reclama atención, se limita a ser, en la medida justa. Y en esa humildad radical está su potencia filosófica, una arquitectura que no habla, sino que deja hablar al mundo; que no impone, sino que recoge; que no propone un espectáculo, sino una forma de relación.
Por eso las Termas de Vals son un ejemplo privilegiado para pensar la arquitectura desde Heidegger, porque nos devuelven el habitar como cuidado del mundo, no basta con construir, no basta con resolver funciones, no basta con proyectar formas efectistas. La arquitectura tiene sentido cuando protege la relación entre los mortales y la tierra, cuando permite que el cielo se insinúe, cuando acoge lo divino y acompaña a quienes la recorren.
Zumthor logra algo que pocas obras contemporáneas alcanzan, restituir el lugar, no inventarlo, no simularlo, no estetizarlo, sino revelarlo, y eso es exactamente lo que Heidegger exige del construir, que permita que el habitar sea posible.
Porque, al final, habitar no es una acción, es una forma de ser. Y un edificio solo es arquitectura cuando permite que el ser humano vuelva a encontrar su sitio en el mundo.
Johan Firavitoba
Siento que este texto logra recordar que para Heidegger la arquitectura no empieza en los muros sino en la manera en que existimos en el mundo. Y en esa lectura, las Termas de Vals funcionan como un argumento solido, y es que no tratan de imponerse, sino de dejar que el lugar hable. Lo que me queda rondando es esa idea de que un edificio no crea el espacio, sino que lo revela; es una forma distinta de pensar el diseño, más cercana al cuidado que al control. También me parece sugerente cómo relaciona el recorrido corporal con el “cuadrante” heideggeriano, como si cada paso ajustara al visitante con el entorno. No sé si toda arquitectura pueda aspirar a eso, pero aquí el ejemplo funciona bien y ayuda a entender lo que significa realmente “habitar”.
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