Septiembre - Andres Esteban Apraez - Cuerpo, espacio y la poética del habitar

Cuerpo, espacio y la poética del habitar

Andres Esteban Apraez Zambrano
Primer Ensayo 

La arquitectura no comienza cuando se levantan muros ni cuando se define la forma de un edificio. Empieza mucho antes, en un territorio más íntimo y silencioso: en el cuerpo. En ese cuerpo que se mueve, percibe, se orienta y reconoce su lugar en el mundo. Este mes, al acercarme a las ideas de Schmarsow, Merleau-Ponty, Heidegger y Le Corbusier, siento que la arquitectura se revela no como un objeto terminado, sino como un acto que surge del encuentro entre cuerpo y espacio, una coreografía de presencia y significado.

August Schmarsow abre la discusión proponiendo que la esencia de la arquitectura no está en las formas materiales, sino en el espacio como experiencia vivida. Para él, la arquitectura nace del cuerpo que se desplaza. Cada paso, cada giro y cada orientación corporal ordenan el mundo en ejes sensibles: arriba/abajo, delante/detrás, interior/exterior. El espacio no existe sin movimiento; se vuelve real en la medida en que lo recorremos. Schmarsow invita a pensar el diseño como una composición dinámica, un tejido que responde al ritmo del habitante. Los muros, las alturas y las aperturas no son elementos estáticos sino estímulos coreográficos.

Luego aparece Maurice Merleau-Ponty, quien complementa esta visión afirmando que no solo nos movemos en el espacio: lo percibimos con todo el cuerpo. El ojo no es una cámara; es un órgano vivo que participa del mundo. Ver es una forma de tacto a distancia. La luz, las texturas y los sonidos no son simples variables materiales, sino parte del modo en que el espacio se nos entrega. El concreto absorbe el eco, la madera recoge la luz cálida, el vidrio prolonga nuestra mirada hacia el horizonte. Lo arquitectónico deja de ser masa y se convierte en atmósfera. Un edificio no se experimenta solo desde afuera ni desde un plano: se vive como un conjunto de sensaciones entrelazadas.

A partir de estas observaciones fenomenológicas, Heidegger introduce una dimensión aún más profunda: construir es, en esencia, habitar. Y habitar no es solamente ocupar un lugar, sino sentirse en relación con la tierra, el cielo, los mortales y los divinos. Los espacios se vuelven lugares cuando acogen nuestro estar-en-el-mundo. Construimos para habitar, y habitamos cuando reconocemos un sentido en lo que nos envuelve. Así, una casa no es solo un refugio físico, sino la posibilidad de una existencia más plena. El arquitecto, según Heidegger, tiene la tarea de abrir lugares donde el ser humano pueda arraigarse y reconocerse.

A mitad de esta reflexión, encuentro que todas estas ideas se hacen tangibles en un ejemplo arquitectónico preciso: la Casa Tugendhat de Mies van der Rohe. Al analizarla, descubro cómo los conceptos de cuerpo y espacio se materializan. En la casa, la planta libre permite que el cuerpo trace su propio camino; las particiones ya no son muros rígidos, sino planos que acompañan el movimiento, exactamente como lo imaginaría Schmarsow. La luz que se filtra por los ventanales modifica el espacio a cada hora, creando variaciones perceptivas que recuerdan a Merleau-Ponty. La relación entre interior y exterior esa continuidad entre naturaleza y habitar responde al pensamiento de Heidegger sobre abrir lugares donde la existencia pueda desplegarse. Y, finalmente, la casa encarna también el impulso de Le Corbusier: elevar el suelo, liberar la vista, arraigar el cielo dentro del espacio doméstico. El cuerpo, en la Casa Tugendhat, es el verdadero protagonista.




Este ejemplo me permite ver cómo los cuatro autores no hablan desde mundos separados, sino desde un mismo horizonte: la arquitectura como experiencia corporal y existencial. Y es aquí donde entra la fuerza conceptual de Le Corbusier, quien con sus Cinco puntos de una nueva arquitectura formula estrategias para renovar nuestra relación con el espacio. La casa sobre pilotes libera la tierra como si el cuerpo pudiera deslizarse bajo el edificio; la terraza jardín devuelve el cielo al habitar; la planta libre ofrece libertad de movimiento; la ventana horizontal acompaña la mirada del cuerpo; y la fachada libre se convierte en un lienzo que deja respirar la estructura. Corbusier eleva la tierra y arraiga el cielo, haciendo de la arquitectura un puente entre lo cotidiano y lo poético.

Al unir todas estas visiones, empiezo a comprender que la arquitectura es, ante todo, una conversación entre el cuerpo y el espacio. No se diseña desde fuera, sino desde la experiencia vivida. Cuando camino un pasillo estrecho, cuando subo una rampa suave o cuando me detengo frente a una ventana que captura la luz, descubro que mi cuerpo interpreta el espacio mucho antes que mi razón. La arquitectura nos habla desde el silencio de sus superficies, desde los vacíos que nos invitan a movernos, desde las sombras que revelan rincones, desde la manera en que el aire circula o la luz cae.

El espacio, entonces, no es un vacío; es un espejo del cuerpo. Y la arquitectura es la escritura de esa relación: un lenguaje que, cuando se entiende desde la fenomenología, nos recuerda que habitar es siempre una forma de estar en el mundo.

Referencias

  • Schmarsow, A. (2018). La esencia de la creación arquitectónica. (Traducción al español).
  • Merleau-Ponty, M. (1964). El ojo y el espíritu. En M. Merleau-Ponty, L'Œil et l'Esprit. Gallimard.
  • Heidegger, M. (1951). Construir, habitar, pensar. En Vorträge und Aufsätze.
  • Mies van der Rohe. Casa Tugendhat (1930). Brno, República Checa.

Comentarios

  1. Articular de manera muy clara cómo el cuerpo se convierte en el punto de partida para comprender la arquitectura, y lo hace hilando con fluidez las ideas de Schmarsow, Merleau-Ponty, Heidegger y Le Corbusier sin que se sientan como teorías aisladas. Lo más valioso del texto es que no reduces la arquitectura a su apariencia, sino que la presentas como un acontecimiento vivido: un espacio que se revela en el movimiento, en la luz, en la atmósfera y en la manera en que permite que habitemos con sentido. La forma en que vinculas estas ideas con la Casa Tugendhat funciona muy bien porque muestras cómo los conceptos fenomenológicos se vuelven experiencia real: la planta libre como coreografía del cuerpo, la luz cambiante como dimensión perceptual, la continuidad con el exterior como posibilidad de habitar plenamente. Todo esto hace que el análisis no se quede en lo abstracto, sino que adquiera cuerpo y lugar. Tu lectura de Le Corbusier complementa con acierto el hilo argumental, mostrando cómo sus cinco puntos son estrategias que extienden las capacidades corporales y perceptivas del habitante. En conjunto, el ensayo transmite que la arquitectura no nace del plano ni del objeto terminado, sino de la relación íntima entre cuerpo y mundo, y que habitar es siempre un acto poético donde el espacio se vuelve espejo y prolongación de nuestra propia presencia.

    ResponderEliminar
  2. a lectura plantea que la arquitectura no empieza con los muros ni con la forma construida, sino con el cuerpo humano y su manera de percibir y orientarse en el mundo. A partir de las ideas de Schmarsow, Merleau-Ponty, Heidegger y Le Corbusier, se muestra que el espacio arquitectónico no es algo estático, sino una experiencia que se activa cuando nos movemos, vemos, sentimos y habitamos.

    Schmarsow recuerda que el espacio se organiza desde el movimiento corporal; Merleau-Ponty enfatiza que lo percibimos con todos los sentidos, no solo con la vista; Heidegger afirma que construir es crear lugares donde la existencia humana pueda arraigarse; y Le Corbusier propone principios que transforman esa experiencia corporal en estrategias arquitectónicas.

    ResponderEliminar
  3. tu texto acierta al devolver la arquitectura a su origen más esencial, el cual es el cuerpo. Me parece potente la idea de que la arquitectura no nace en los planos ni en la forma construida, sino en la manera en que nos movemos, percibimos y habitamos el mundo algo parecido a lo que propone zumthor en su punto "lo que esta a mi alrededor" en su libro "atmosferas", este texto al igual que las visiones de Schmarsow, Merleau-Ponty y Heidegger, demuestra que el espacio es algo que se vive antes que algo que se mira, y que la arquitectura solo cobra sentido cuando despierta una experiencia, te recomiendo leertelo.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Relación Cuerpo-Espacio: Fenomenología Vivida en la Arquitectura

EL CUERPO EN MOVIMIENTO, ESPACIO CONSTRUIDO.