Septiembre: La orientación corporal en el Ayuntamiento de Säynätsalo
La arquitectura es tradicionalmente un ejercicio técnico, formal o funcional que organiza materiales, estilos y usos. Sin embargo, cuando se queda corta si el punto de partida es la relación entre cuerpo y espacio, porque antes de cualquier muro, antes incluso del proyecto o del concepto, ya existe un cuerpo que percibe, se orienta y recuerda. Ese cuerpo no llega al espacio, lo produce. En esa idea se apoya la propuesta de August Schmarsow en La esencia de la creación arquitectónica.
Desde esta perspectiva, el espacio deja de ser un fondo neutro o un contenedor universal, se vuelve heterogéneo, orientado, culturalmente mediado y, sobre todo, dependiente de las capacidades perceptivas del sujeto. Schmarsow lo dice con claridad: la arquitectura no es el arte de revestir cuerpos constructivos, ni una técnica aplicada, ni siquiera una estética, es, primordialmente, creadora de espacio; pero de un espacio entendido no como vacío físico, sino como forma intuida que surge de la experiencia corporal. El espacio nace primero en nosotros.
La intuición espacial (esa síntesis de memoria sensorial, tensión muscular, sensibilidad táctil y sentido de la orientación) constituye el verdadero germen de la arquitectura. Las coordenadas básicas con las que estructuramos el mundo (arriba/abajo, delante/detrás, izquierda/derecha, cerca/lejos) no son abstracciones geométricas: son prolongaciones directas de la postura erguida, de la posición de los ojos y la dirección natural del movimiento humano, por eso Schmarsow insiste en que la arquitectura es indisociable del sujeto corpóreo y de su imaginación.
Todo espacio arquitectónico es una envolvente del cuerpo, incluso las configuraciones más elementales (un cercado, un cobertizo, una tienda) responden al impulso primario de delimitar un ámbito en torno a un sujeto que necesita orientación y protección. La técnica y la estética llegan después, lo primero es el acto de establecer un “aquí” habitable.
Esta lectura no es un ejercicio de historia teórica, ofrece una herramienta crítica para acercarse a la arquitectura actual, cuando los edificios se reducen a imágenes icónicas, a soluciones funcionales o a pura representación, la pregunta que plantea Schmarsow se vuelve interesante: ¿qué queda de la relación cuerpo-espacio? ¿Cómo evaluar una obra si el criterio deja de ser su apariencia externa y pasa a ser la experiencia corporal que activa?
Ayuntamiento de Saynatsalo, tomado de: https://es.wikiarquitectura.com/edificio/ayuntamiento-de-saynatsalo/#
El Ayuntamiento de Säynätsalo (Alvar Aalto, 1949-1952) ilustra con precisión esta perspectiva. Suele destacarse por el uso del ladrillo visto o por su síntesis entre tradición nórdica y modernidad, pero leído desde Schmarsow, el edificio revela otra dimensión, no funciona como objeto autónomo, sino como secuencia de experiencias corporales.
La escalera de subida al patio elevado tiene peldaños irregulares en altura y profundidad; obliga al visitante a ajustar el paso, a tomar conciencia del peso y del equilibrio, a registrar la pendiente del terreno, lejos de ser un defecto, ese pequeño desajuste despierta la atención perceptiva y prepara al cuerpo para habitar el espacio, no solo para atravesarlo.
Escalinatas Ayuntamiento de Saynatsalo, tomado de: https://es.wikiarquitectura.com/edificio/ayuntamiento-de-saynatsalo/#
En el patio interior, el espacio no se presenta como vacío abstracto, la torre establece una fuerte verticalidad; los cuerpos bajos que la rodean refuerzan la horizontalidad; el ladrillo, táctil y cálido, hace presente la materia incluso a distancia. El visitante se percibe como centro activo, es el Raumgefühl del que habla Schmarsow, el sentimiento espacial vivido desde el cuerpo.
El interior prolonga esa lógica, cambios de nivel, luz lateral que acompaña el recorrido, giros que exigen rotación corporal, nada es indiferente; todo está calibrado para que el desplazamiento se haga consciente. La sala del consejo, con su doble altura, lleva esa relación al extremo: la mirada asciende de manera casi involuntaria, reproduciendo la verticalidad natural del cuerpo erguido en un acto cívico, no hay teatralidad, hay correspondencia entre proporción espacial y postura humana.
Sala del consejo Ayuntamiento de Saynatsalo, tomado de: https://es.wikiarquitectura.com/edificio/ayuntamiento-de-saynatsalo/#
No importa si Aalto leyó directamente a Schmarsow, la afinidad es evidente, ambos conciben la arquitectura como creación de condiciones de habitabilidad que parten de la experiencia corporal y se proyectan hacia el mundo. El arquitecto no diseña objetos, sino ámbitos en los que el sujeto puede orientarse, reconocerse y sentirse situado.
En un panorama donde predomina la espectacularidad visual o la optimización técnica, recuperar esta idea puede parecer secundario. Sin embargo, es el fundamento más sólido de la disciplina, porque la arquitectura, para seguir siendo significativa, ha de partir de esa relación primaria entre cuerpo y espacio que Schmarsow formuló con tanta precisión y que Aalto tradujo, en Säynätsalo, en materia, luz y movimiento.
La arquitectura no comienza en el dibujo ni en la obra. Comienza en el cuerpo que intuye dirección y límite. Todo lo demás (forma, estilo, representación) viene después.
Johan Firavitoba
Leyendo el texto, me quedó rondando la idea de que Schmarsow invierte completamente la lógica habitual del diseño. Normalmente pensamos el espacio como algo que se construye y luego se habita, pero aquí aparece al revés: el cuerpo ya está produciendo espacio mucho antes del edificio. Esa lectura me cambia la escala del problema, porque muestra que la arquitectura no nace en el plano, sino en la percepción que lo antecede.
ResponderEliminarTambién me llamó la atención lo de que las coordenadas espaciales no son conceptos abstractos, sino extensiones del propio cuerpo, o bueno así es como se entiende. Eso hace que la arquitectura deje de ser un ejercicio formal y se vuelva casi una consecuencia de cómo nos orientamos en el mundo. Me parece una manera útil de cuestionar proyectos que se enfocan en la imagen y olvidan cómo se experimentan.